Amar crea alas

Dejarse caer en el amor es tan fácil como soñar. Porque te conviertes en una pequeña pluma pálida que flota delicadamente hasta posarse en el pelo de un travieso niño pelirrojo.

El amor en sí es como aquel pequeño. La pluma debe sostenerse en esa superficie tan poco estable, dando bandazos y sujetándose como puede a aquellos cabellos. Porque corre, salta, hace el pino y nada. Y a pesar de la fatiga, es satisfactorio lo mires por donde lo mires. Sobre todo cuando descansa. Porque puedes mesarle la melena y acariciar su rostro. Verle dormir sin pesadillas es el mayor regalo. Y sentir sus lágrimas la más amarga de las sensaciones.

Aunque aquel pequeño aún no lo sepa, si decide peinarse o despeinarse influirá en todo. La pluma puede caer eternamente recorriendo aquel cuerpo, chocando con sus extremidades hasta quedar arrugada y de un color grisáceo. La muerte del amor se convierte en capricho de aquel inocente que juega y se divierte. Que pisa otras plumas.

El amor es delicado y que esté en unas manos como esas, hace que haya que ir con mucho cuidado y con mucha seguridad. Hay que agarrarse bien y no dejarse soltar.

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