Cambio de estación

Levantó la mano y cayeron sobre su palma unas gotas de agua. A su derecha, el cristal estaba empañado. Al otro lado, el mundo se distorsionaba en formas ondulantes y colores como la nieve.

Posó su mano sobre el cristal, notando un frío impropio. Casi se le quedó pegada, semi congelada en aquel gran fragmento que bien podría ser de hielo. Porque no había abandonado su casa en unos segundos, ¿no? Seguía en el baño de su casa, arreglando el grifo que goteaba…

Apartó la mano y se irguió sobre sus piernas. Observó mejor a su alrededor. Continuaba en su bañera, pero era ilógico que se hubiese empañado la mampara. No había abierto el agua, y sin embargo caía de algún lugar. Dobló el cuello haciendo que sus ojos contemplaran el techo, si es que en aquel agujero cuadrado que se abría al cielo era donde debiera estar su techo.

Dejó escapar su aliento. Una voluta de vapor se formó delante de sus labios. Las gotas caían por su rostro muy lentamente, frías. Caían de aquel cielo, sin ninguna duda. Con la boca abierta, se decidió empujar el cristal, que con un crac, cedió.

¿Cuándo había ocurrido aquello? Un manto de nieve lo cubría todo, una niebla densa no dejaba ver más allá de un par de metros. ¿Qué magia había traído el invierno? ¿Qué magia le había sacado de su baño y le había dejado allí? ¿Qué magia existía capaz de obrar así?

<<La mía>>.

Escuchó una voz grave, autoritaria y con un eco que resonó por todo el lugar. Sobre el borde de la pared de su bañera, se erguía una silueta de mujer. De ojos pétreos y rostro de porcelana. Su melena blanca flotaba a su alrededor, formando un halo. Vestía diferentes pieles de osos polares y sus botas hechas de escamas de algún animal mitológico cubrían sus piernas finas hasta las rodillas. El cetro en su mano centelleaba furioso.

Él lo sentía, no debía estar allí. Y, por alguna razón, sabía que había sido llamado.

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#DíaInternacionalDelBeso

Me quedé prendada de tus ojos marrones que miraban por encima de mi cabeza. ¿Qué mirabas?

Como no podía sostener tu mirada, mis ojos se resbalaron por tus facciones y se detuvieron en tu boca. Entonces me sentí observada y te miré. Me puse roja.

Te acercaste y me quedé sin respiración. Pero tu atención la captó algo a mis espaldas. Alzaste la mano y saludaste. Una sonrisa alumbró tu cara.

Mi prudencia por miedo a perderte me dejó sin beso. Ese beso que diste a quién hacia ti se acercaba.

Microrrelato: El viento se levanta

Todo estaba dibujado en la pequeña libreta gris que llevaba en el bolsillo de su pantalón. Meses y meses de estudios, planos y fórmulas. Su experimento funcionaría, tenía que funcionar. Abrió el gran portón metálico y apareció su obra iluminada por los fluorescentes de la nave. Era el gran día.

Recorrió las caras de los financiadores y rozó sus notas en el bolsillo. Subió al armatoste de tornillos y hélices. Hizo contacto y el motor rugió. El avión comenzó a moverse, y al final, despegó.

Microrrelato: Inspiración Fantasma

Pintando aquellos extraños bisontes me di cuenta que había olvidado al niño en el salón. ¿Cuánto tiempo llevaba solo? ¿Por qué no había hecho ni un solo ruido? Dejé la paleta de colores y los pinceles. El corazón me latía como nunca mientras avanzaba por el pasillo y dejaba atrás mi cuarto de trabajo. ¿Cómo había pasado el tiempo tan rápido? Me asomé con miedo al salón. No estaba segura de lo que podría encontrarme, pero lo que vi fue aún más desolador. No había desorden, no había juguetes, no había niño.