Revoltijo

Has puesto mis palabras boca arriba
y boca abajo,
y las has mezclado,
y desordenado.
Has revuelto mi mente y mis sentidos,
los has despertado,
he sucumbido.

De mis labios han salido mis anhelos:
de tus ojos, de tus manos,
de tus besos,
de tu risa,
de todos tus te quiero.

Has tirado así de mi lengua,
como si con un hilo pudieras
sacar mi corazón y dejarlo en la mesa,
leerlo como si fuera un libro,
y a ciegas pintarle mariposas,
hasta hacerle sentir correspondido.

Alguien que sepa frenar Noviembre

El 31 de Octubre dicen que es el día de la muerte. Quizás es el presagio del mes siguiente, que me anuncia que caminaré por sus días como un zombie. Sin alma, casi sin cuerpo y sin corazón.

Porque me había acostumbrado a los meses endulzados, y éste tendrá el sabor amargo de una despedida. Más que una despedida, será el sabor del hueco que nadie llena. De un eco de una voz que ya no me acompaña. Una mano combada esperando otra mano que no volverá a sostener. Una presencia fantasmal que ahora sólo me hace sentir frío.

Podría llegar Diciembre directamente. Que acabe el curso, que empiecen las compras de Navidad, que venga el turrón y que se llene de colores el árbol. Que se empiece a cantar, a agradecer las cosas buenas de este tortuoso año, que se pida el deseo de que mejore el siguiente. Que la esperanza surja como una estrella y surque el cielo inundándolo de luz.

Noviembre siempre ha sido un mes bonito. Y el recuerdo sirve para poderlo superar de nuevo.

La distancia de mi corazón a tu pecho

Supongo que sí que lo sabía, que a pesar de la distancia ibas a estar aquí. Que el sol iba a rebotar en tu espejo y me iba a llegar tu resplandor. Que me llegarían los rayos que desprendes con tu sonrisa perlada. Sabía que no ibas a desaparecer porque es demasiado lo que cargo por dentro de tí. Porque es como si hubiese una mano tendida delante de mi que agarro con fuerza y no se desvanece. Pero tampoco aparece nada más.

Y miro ausente ese apretón de manos preguntándome cuánto falta para que el contacto sea real. Pero no encuentro respuesta. Me siento perdida sosteniendo un mapa sin puntos cardinales, sin ríos ni montañas, sin edificios emblemáticos, sin carreteras. Sin señales. Y fuerzo la sonrisa clavando en mi frente el cartel del optimismo. Cuando lo dices en alto parece mucho más real.

La distancia no es buena. El corazón extraña demasiado.

Guerras en pareja

No lo hacíamos bien. Nos heríamos mutuamente y continuábamos a pesar del mal que nos infligíamos. Pediamos más del otro de lo que realmente nosotros dábamos. Pedíamos más esfuerzos que sonrisas, que besos. Y aunque teníamos el corazón sangrando de dolor, aguantábamos sin darnos cuenta de lo que ocurria, de lo que nos pasaba. Seguíamos apuñalando nuestras almas con exigencias estúpidas, como si mereciésemos más, como si no tuviésemos suficiente con vernos respirar. Y el estómago soportaba estar estrujado en nuestras cajas torácicas por el miedo a que no pudiésemos satisfacer al otro, por miedo a que el otro se cansara, por miedo a que se marchara.
Lo teníamos todo, y todo lo perderíamos si continuáramos así. ¿Qué es lo que te tiene que demostrar el enamorado, sino que te quiere? ¿Qué más?

En el juego del tira y afloja siempre uno gana y el otro pierde. Estábamos empezando a romper la cuerda, y entonces quienes perderíamos seríamos los dos. Hoy nadie cederá, las manos están astilladas y sangrando. Mañana se intentará hablar las cosas y no superarse, sino respetarse. Intentemos curarnos las heridas el uno al otro, démonos pasión y dejemos lo demás a parte.