Encantada

Podría no comprender por qué sucedió. En realidad, no lo supe enseguida porque no me lo llegué a cuestionar. Fui una víctima de lo inesperado. De lo mágico y maravillosamente inesperado. Porque simplemente llegó de puntillas y ocurrió. El que me salieran unas alas en la espalda, que sintiese purpurina caer en el pelo por primera vez. Que dejara mis peores partes al descubierto y que las besaras con devoción. Que arreglaras mis grietas, los vacíos que agujerearon mis complejos durante años. Que mi pecho se inundara de una ilusión inusitada y prácticamente infantil.

Podría no comprenderlo, como no es comprensible esta nube en la que me has instalado. Que me sienta flotar y feliz. Y tú solo me pediste una razón para quedarte, y yo solo supe decir que me hacías mejor. En ese momento aún no lo entendía, pero pronto me sorprendí decubriéndome sonreír. Encantada con mis pasos, con los nuestros, con sujetar tu mano y tú la mía, con compartir los pequeños momentos espontáneos en el que el mundo se queda en segundo plano para darnos intimidad al darnos un beso.

Bendito el camino recorrido y las piedras con las que tropecé. Los desvíos tortuosos, las noches sin dormir y las tardes de no parar de llorar cuando me acechaba la soledad. El dolor, la angustia, la incertidumbre. Lo que no cambiaba, porque me ha hecho ser así. Que tú me encontraras como soy, que te enamoraras de esa persona, con ese pasado. Quizá no lo hubieras hecho si hubiese sido diferente.

Y, por ello, estoy encantada de mirar al presente y ver un futuro.

Anuncios

Traspasar muros

De una vez por todas, al fin,

el latido de la vida que me llama,

la piel que busca otra piel por el placer,

la sonrisa en mi comisura que no se quita.

 

Un segundo de felicidad merecida,

mi boca callando pensamientos en tu boca,

una caricia simple en unos labios ansiosos,

un sentimiento firme cuando se cerraron mis ojos.

 

Con suavidad, lento,

que no pase el tiempo.

El tacto de un deseo liberado,

un sueño cumplido:

Tu beso dado, el mío devuelto.

Pedir un deseo

Me conoció en una época fría. En la que me mostraba de lo más reticente porque estaba desalentada. No tenía ni ilusiones ni esperanzas en mi vida. Pero siempre he estado hambrienta de curiosidad, por eso fue fácil convencerme de que alejarnos de la ciudad me vendría bien.

Estoy segura de que no fue una coincidencia, las estrellas nunca brillaban tanto ni el cielo se me había mostrado tan azul en vez de negro. Él sabía que allí encontraría de nuevo un sueño. Y mirando aquel firmamento agarrados de la mano apareció de la nada mi deseo. Brotó de nuevo ese tallo que me empeñaba en tapar bajo el hielo para que muriese.

Le miré esperando que estuviese con sus ojos puestos en las estrellas, pero me observaba a mí. Sus labios se movieron y su boca habló “¿Sabes que brillas mucho más que ellas? Eres mucho más que ellas. Porque eres real y a ti te puedo tocar”. Y el deseo latió con estrépito en mi pecho y me ruboricé. Entonces fue cuando mis capas congeladas se quebraron ante su beso y me deshice entre sus brazos.

#DíaInternacionalDelBeso

Me quedé prendada de tus ojos marrones que miraban por encima de mi cabeza. ¿Qué mirabas?

Como no podía sostener tu mirada, mis ojos se resbalaron por tus facciones y se detuvieron en tu boca. Entonces me sentí observada y te miré. Me puse roja.

Te acercaste y me quedé sin respiración. Pero tu atención la captó algo a mis espaldas. Alzaste la mano y saludaste. Una sonrisa alumbró tu cara.

Mi prudencia por miedo a perderte me dejó sin beso. Ese beso que diste a quién hacia ti se acercaba.