Revolución en la mirada

Hoy me he sentado a su lado. Me extraña que las amigas con las que se llevaba sentando estos días, hayan decidido cambiarse de fila y dejarme un hueco vacío. En cuanto se ha sentado, me ha sonreído.
– Buenos días, eres Victoria si no recuerdo mal, ¿verdad?- Victoria, sí, ese era mi nombre. Solo se lo dije una vez y no guardaba la esperanza de que se lo hubiera aprendido. Qué maravilla. Por toda respuesta asiento ya que el profesor de Historia Española acaba de entrar y toda la clase se calla.
Siento algo en el estómago. Sonaría enfermizo si dijese que llevo observando lo que hace cada día desde que el curso empezó. Pero creo que no es eso. Algo me mueve a querer mirarla, a intentar acercarme a ella. Sin embargo, lo que revuelve mi estómago, quiere que me aleje.
Me siento en una nube. No oigo lo que dice el profesor. Se nota que rehuye mirar a nuestras filas. ¿La razón? Supongo que los ojos de Esme. Son penetrantes, fieros e infinitos. Los miro de reojo y no puedo evitar volverme del todo a ella. Esos ojos no son verdes. Puedo ver en ellos escenas. ¡La Revolución Francesa! Parece que lo que cuenta nuestro profesor, lo materializa en aquella pequeña televisión. Veo los fusiles, los cañones, las banderas, los colores de la Revolución.
Entonces se gira y me mira con una sonrisa disimulada en la cara.
– Me estaba preguntando la fecha que acababa de decir. Lo sentimos.- Le contesta al profesor la pregunta que no he escuchado.
¿Como es capaz de ejercer tanto poder sobre mí? Me tiene intrigada. ¿Qué es? ¿Por qué puede hacer esas cosas? ¿Por qué a mí?
Alza la cabeza. Sabe lo que pienso. Le gusta impresionarme.

Apariencias

Hoy he ido antes a clase y he cogido sitio justo detrás de ella. Quiero ver su magia más de cerca. Sé que ha reparado unas cuantas veces en mí y supongo que intuye que voy a su clase. Desconozco si alguien le ha podido decir mi nombre o si se ha interesado lo suficiente siquiera para preguntarlo.
Ahí llega, sonriendo. Se desabrocha el abrigo antes de llegar a su asiento y parece ir despacio, a cámara lenta. Veo como su melena rubia se mece de un lado a otro, como pestañea con delicadeza. Esme es muy guapa. Hago como que busco unas hojas en el cuaderno para que no se sienta observada. Nunca he estado tan cerca.
– Soy Victoria.- Me presento. Espero que ella se gire con mirada extrañada, me he precipitado. Las ganas me han podido. Es tan especial, que quiero ser ya su amiga. Sin embargo ella sonríe. ¿Sabría que iba a presentarme? Quizás sepa hacer más magia de la que yo pensaba. Quizás leyera el pensamiento.
Ahora que veo sus profundos ojos verdes, siento que me lleva a la selva, que me inunda entre la maleza y solo puedo oler hierbabuena. Siento que me envuelve entre árboles y lianas, un paisaje verde, verde como sus ojos.
Es posible que sea algo diferente a lo que yo imaginé la primera vez que la vi. Y entonces me sorprende un rasgo de su cara, un gesto. Esa sonrisa dulce dice mucho más. Me parecía poder ver su corazón puro, limpio, sincero. Pero no había rastreado su alma. Apenas la noto, es inquietante. Por un momento me entran escalofríos. ¿Podría ser…? No, los demonios no son así.
– Te veo buscando algo como loca en tu cuaderno, ¿puedo ayudarte?- Y mis conjeturas desaparecen. Mis dudas se disipan y solo la veo a ella. Solo siento que me quedo muda porque parece más un ángel.

Esmeralda

Primer día de impresiones, saludos y presentaciones. Rastreo cual cazador las posibles presas. Es el primer día de clase y hay que arrimarse a alguien bueno.
Entonces mi mirada se queda fija en ella. Pelo rubio ondulado que le cae en forma de cascada hasta por debajo de los hombros, piel clara, nariz recta y labios carnosos. La he llamado Esme debido a sus ojos. Son  verdes, claros cuando los miras, como si no tuviesen nada que ocultar. ¿He dicho que tengo un don? Se leer corazones, y el suyo es puro. Esta es la chica que me conviene.
Hace algo extraordinario con su sonrisa, contagia a la mía y sin querer no puedo evitar sentir bienestar. Quiero presentarme, pero no puedo acercarme. Mis pies se mantienen fijos en el suelo, mis ojos fijos en ella. Solo quiero decirte que me llamo Victoria.