Hilos rojos

Dicen que el destino ha tejido las almas de las personas que están predestinadas con un hilo rojo. No se sabe con qué propósito ya que algunas, a pesar de todo, no podrán estar juntas.

Pero en mí ha dado unas puntadas tan exactas que puedo tocar los bordes y sentir su rugosidad. Y al mirarle a él veo claramente su halo tintado de pequeñas marcas rojas a su alrededor. Sin duda alguna aquello nos hace abrir los ojos ante el amor, querer sentirlo, querer tenerlo. Se dilatan nuestras pupilas. Nuestras manos tienen dependencia. Nuestra piel se queja.

Siento que en la distancia esas puntadas tiran. Y en la cercanía se sueltan para unirse. Y en esa fusión se desenredan los besos de quien extraña, los abrazos de quien ama, las palabras de quien venera. Y aunque aquel hilo nos pacifique y a veces nos duela, y aunque durante mi vida sea atravesada por mil cuerdas, mis manos solo se empeñarán en seguir una.

La nuestra.

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